12 dic. 2011

los domingos son perjudiciales para la salud

Levantarse a las 11 acompañada de mi T4* y un rico desayuno, sumado a una mañana con música, estudio y un ataque de hambre que termina obviamente a la 1 en la casa de mi abuela con la típica paella con el arroz más rico del mundo, lasagna, asado, “quepi”, empanadas, pescado, lengua con mayonesa y perejil, tomates rellenos, o lo que halla, porque siempre hay más de lo esperado, sumado a un postre o a merengues con dulce de leche y el té digestivo del final. Las revistas no pueden faltar, y escuchar a la abuela contar sus historias tampoco… o a papá discutiendo de política con la abuela… o a la abuela peleando conmigo… en fín, la típica juntada de los domingos, infaltable desde que tengo conciencia. 
Tipo 2,30 ya estoy en casa y empieza la pregunta de los domingos: ¿Qué mierda puedo hacer?. Ah cierto, tengo una montaña de ropa de 2m esperándome para ser planchada arriba del sillón, tengo resúmenes y cosas del colegio pendientes y sinceramente también tengo ganas de irme a la concha de la lora a hacer algo diferente.
Y bueno, tipo 6 empieza el problema del domingo, empiezo a reflexionar sobre mis constantes contradicciones: pensar una cosa, decir otra y hacer otra totalmente diferente. Después me doy cuenta de que pensar en los problemas no es lo más recomendable,  pero es lo que la gente hace generalmente en lugar de aprender a vivir con los problemas y a resolver las cosas cuando suceden, entonces me pudro y me voy a dormir una siesta.
Tipo 8 papá nos pregunta que queremos hacer y como no hay una mierda en esta ciudad nos vamos al Jumbo de Neuquén a ver ropa y a picar algo. 
Ese es mi domingo.






*T4: pastilla que tengo que tomar todas las santas mañanas por el resto de mi vida. ¿Motivo? Hipotiroidismo, nice.

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