21 dic. 2011

vos no sabés.

Vos no sabes lo que cuesta ser así. Vos no sabés lo aberrante que es querer ponerte un lindo vestido para salir un sábado y acordarte de que tus piernas dan miedo y parecés un oso. Después tu mente se alivia al acordarse de que tenés unos cancanes color piel para disimular. Vos no sabés lo que es dar vuelta el placard y no encontrarlos y después acordarte de que se te rompieron y los tiraste unos findes atrás. Vos no sabés lo que es no saber que hacer. Ah claro, y tus amigas te dicen:
-“pero si no se te nota nada boluda”
SI, CLARO MAMITA, vení y tocame la piernita a ver como los sentís. Fué, me clavo un jean y a la mierda.
“No boluda, te queda re bien así, te juro que no se te notan, no te pongas jean, malísimo
Parezco la jungla amazónica chicas, no pienso salir así a la calle.“Pero pasate la Gillette boluda”
Hay si boluda, pero después bancate los pelos tiesos y pinchudos, ah no pará mejor bancate rascarte a diez manos cuando te están creciendo y obvio, después bancate el tirón infernal de la cera, donde parece que te están arrancando la capa superior de la epidermis con agua hirviendo. 
Bueno fué, me paso la depilady Philips, ah, pequeño detalle ¿donde concha la dejé? (media hora buscando la depiladora del orto). ¡Acá estás, zorruda!, em bueno, ¿y ahora por donde empiezo?. Vos no sabés lo que es ver un mar de pelos, la jungla del amazonas saliendo de tus piernas, pensando por que zona vas a empezar a talar primero y tampoco sabés lo que es sentir al mismo tiempo tu alma ecológica Greenpeace renaciendo de los más profundo de tu alma de mujer, pensando en el dolor que le causa a la naturaleza y a cada ínfimo árbol ser arrancado, vallamos al caso, sacarte pelo por pelo duele como la concha de la lora. 
En fin, empecé con una pierna, casi me dan convulsiones. La dejé a la mitad y empecé con la otra, PEOR.Y bueno, cosas que pasan. Terminé en el baño haciendo un enchastre con el jabón que ni te cuento intentando acordarme como se pasaba la Gillette trola (y bueno, esto de depilarse con cera hace perder la costumbre). Me acordé de las épocas de los cumpleaños de 15, cuando hacía ese ritual a las corridas. También me acordé de mi mamá dicendome: “Hija, nunca en tu vida te pases la Gillette, es uno de los peores errores que podés cometer”, y también me acorde de cuando casi me muero desangrada a los 5 años por explorar el baño y intentar saber que era esa cosa rosada que reposaba en una esquina de la ducha…

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